El tiempo no acompaña; será una jornada en el laboratorio con preparativos.
Sábado 10 de enero Edición del día
Vista de la apertura de la Caleta desde el Laboratorio n° 1 - Créditos EMV
– Editada 24 de enero de 2026-
Ha amanecido más frío el día de hoy aquí en la Base. Ya arranca la rutina de despertarse a las 8 am y una dinámica más diaria de trabajo.
Quienes somos personal científico no militar, podemos optar por no desayunar con el conjunto a las 7 am en el comedor. Así que decidimos hacerlos en conjunto en el laboratorio, al calor de dos estufas de las antiguas que iban en la pared y se prendía un panel que iba quemando gas poco a poco mientras calefaccionada cada rincón del lugar.
Los desayunos en general son abundantes; partiendo de la gran reserva de alimentos que hay en Primavera.
La opción puede pasar por cualquier infusión, frutos secos, desecados, y pan casero de primera horneada que hace la cocinera a primera mañana. Ella es una de las primeras en amanecer aquí junto a los mecánicos que verifican los motores y el funcionamiento de la luz.
El frío se empieza a sentir… y está nevando.
Tal vez sorprenda que me sorprenda que esté nevando. Se pronosticaba lluvia para el día de hoy, un pronóstico que seguimos por un servicio de meteorología global ya que no contamos con meteorólogo o quine pueda hacer un pronóstico aquí.
No solía llover en la Antártida, y con el cambio climático hay ciertas latitudes en las sí lo hace. Esto implica no solo el cambio de temperatura, sino también que animales que no están acostumbrados, o que por pequeños –como el caso de las aves, que cuentan con plumón antes que plumaje- corran riesgos.
Los pingüinos, como en general otras aves, nacen del huevo con un plumón que no es impermeable como el plumaje. Principalmente los cubre del frío pero no les permite con ello adentrarse en el agua o mojarse ya que pierden el aislamiento térmico. Para ello deben esperar a tener su plumaje cuando ya están más crecidos y aptos para salir del nido al mundo acuático.
Te puede interesar: Año nuevo - Crónica n° 13
Te puede interesar: Año nuevo - Crónica n° 13
Hoy nieva, cómo le decía. No hay sol, hay viento, en un combo que hace sentir el frío de la Antártida.
Selección de ropa térmica para el día: un buen pantalón de nieve porque el común se humedece cuando la nieve se derrite al entrar a alguno de los edificios o con el calor del cuerpo. Más primeras pieles térmicas (son unas remeras y pantalones que se especializan en retener el calor generado por el cuerpo, se usan como primer capa).
Si el frío hubiese de aumentar, ya nos habríamos de poner las medias térmicas de lana merino y las botas de nieve que vienen con un “corderoy” interno para aguantar la baja temperatura - además de su impermeabilidad-.
Hoy arrancamos a realizar un trabajo más cotidiano. Cómo el tiempo no permite salir a explorar y hacer las primeras observaciones, decidimos armar los motores de los botes.
Dimos muchas vueltas antes de bajar a hacerlo desde el laboratorio, y entre una cosa y otra pasó el tiempo. Cuando al fin nos decidimos a hacerlo ya estaban armados por los timoneles. Detalles que no deberían ocurrir para evitar rispideces. Si acordamos una hora es menester cumplirla.
A la subida de vuelta a la base, desde la playa, el cielo empezó a encapotarse, reduciendo aún más la luz y la visibilidad. Nos queda el día para seguir la indicaciones del otro continente y planificar nuestro trabajo en la Caleta Cierva y alrededores.
El trabajo en el continente blanco requiere mucha paciencia.
Por un lado la logística determina los tiempos de llegada y de salida; no sabes cuando llegas y menos cuando volvés. Y luego las condiciones climáticas y extremas imponen agenda de trabajo. Puede tocar una racha de días muy lindos y de trabajo muy exhaustivo; como pueden ser días y días de nevada, viento y/o baja visibilidad, y con ello repensar las jornadas laborales.
Cada día cuenta porque no se sabe hasta cuándo se está allí, pero también la adaptabilidad de acoplarse al clima y lo que permite hacer. Algo que tal vez es difícil de entender al momento.
Nuestra media mañana y tarde se irá en loa laboratorios preparando cosas, planificando, y abriendo cajones.
Hay dos laboratorios de trabajo, los distinguimos por el número “I” y “II”.
El “II” se concentra en guardado de muestras, equipos y manejo de instrumentos o preparación de muestras.
El otro, es de estar y de trabajo administrativo. Allí se encuentran armarios equipados con pipetas, frascos, objetos de librería, y un depósito superior con todos los elementos de seguridad marítima y terrestre.
Hay un pequeño mapa en una de las pizarras de la pared que describe la Costa Danco, dónde nos encontramos. Tiene gran descripción de los lugares cercanos, mucho de los cuales, sino casi todos, debemos recorrer y censar.
Dos mesas, una más grande y una pequeña, sirven para nuestro trabajo y para apoyar las computadoras. Y hay unos asientos como para 6/7 personas. Ya con 6 personas el área central del laboratorio está en su punto justo.
Luego en la cocina hay otras dos mesitas que sirven para preparar comidas, guardar cosas y hasta una bacha para lavar platos.
Cuenta con una parte el frente, que sirve como hall de entrada dónde separamos los residuos, dejamos los elementos que no usamos adentro, como camperas abrigos y material de trabajo externo, y una mesada con vista a la salida de la Caleta, Islote Pingüino y el mar.
La tarde lentamente ha pasado. Y allí estábamos aun en el Labo trabajando. Unos mates verdes y el disfrutar de algo rico para acompañar la tarde.
¡Crucero! El primero que vemos en nuestros tres días aquí. A lo lejos se acerca, y a ritmos constante y lento, ya ha entrado en la caleta. Baja un bote de reconocimiento, explora la zona, y da el visto bueno para que lo hagan los de expedición con turistas arriba.
Hay algo que aprendimos y es a buscar las frecuencias de los cruceros –que son abiertas- para escuchar los comentarios sobre las condiciones climáticas y que observan desde sus exploraciones.
Es muy raro en el turismo que el mal tiempo les ajuste la agenda. Si bien tienen un día acomodado de crucero por si algo falla o el tiempo no acompaña su agenda, la misma es muy ajustada por los pocos días con los que cuentan y gran cantidad de lugares que se predisponen a visitar.
Decenas de botes llenos de pasajeros y kayacs, empiezan a moverse en el agua. Paran en los hielos que hay focas para poder observarlas, y aguardan poder tener la gracia de ver una ballena. En el mientras tanto, bordean algunos hielos, y observan las pingüineras.
Estamos en época de Gripe Aviar, por lo que no tienen permitido descender en la base.
Suele hacerse, con lo que vienen charlan, comparten con algunos turistas, pero no este verano. La intencionalidad de la medida, que fue acordada, es que si pisaron algún lugar con el patógeno, no sea transmitido por vía crucero a otro lugar de la Antártida; ya que suelen recorrer casi toda la península en su lado Oeste por cada viaje que realizan.
Nosotros tenemos un protocolo dentro de la base. Equipo que se usa para trabajar en el exterior, manteniendo contacto con animales o sus egestiones, no deberían ingresar a los espacios comunes.
Tanto comedor, como baños y dormitorios, se higienizan todos los días. Sobre todo con desinfectantes.
Así cómo avanza el diario, otro día se nos ha ido en la Base. Lentamente han pasado las horas y la cena llama a sus puertas.
Ya a las 21:30, desde los dormitorios seguimos escuchando los pingüinos con sus “cantos”, la nieve cayendo copo por copo, y la resolana de la luz que atraviesa las nubes y refleja en diversos lugares.
Un cerrar de ojos y mañana nuevos días nos esperan.
Encuentre la serie completa: Sumario de crónicas: 75 días en la Antártida
Encuentre la serie completa: Sumario de crónicas: 75 días en la Antártida
Querido/a lector/a: Le dejamos nuestro correro de lectores,[email protected] .
Su apoyo hace posible la publicación de estas crónicas y mucho más. La/o invitamos a hacer un aporte al periódico aquí abajo.
Emiliano Martínez Viademonte
Profesor | Pasante Museo Argentino de Ciencias Naturales | Est. Lic. en Ciencias Biológicas, Exactas - UBA





