Cerrando el 2023 en un nuevo destino; nuestra vida rodeada de pingüinos, y conociendo el almacén de Primavera.
Viernes 12 de diciembre de 2025 Edición del día
Quién diría, ¡Fin de año! En la mañana del 31 de diciembre ya habiendo dormido en nuestros cuartos que fueron asignados de manera que el personal militar comparta sus habitaciones, las mujeres una para las tres al final del edificio de dormitorios y los científicos dos en un y yo en otra. Todas contaban con camas cuchetas para dos personas por cuarto, excepto la del Jefe de Base que contaba con una sola cama.
Cada habitación de dormir tenía un pequeño armario, un escritorio, una estufa de panel tipo cerámica, y algunas estanterías.
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Si bien cada uno debía llevarse las sábanas, había almohadas, acolchados a por demás, y unas finas cortinas que no filtraban la luz del día que entraba las 24 horas.
Con las estufas de panel prendidas todo el día se podría dormir calefaccionados acorde al 0 ° que rondaba el día. Los dormitorios estaban rodeados de una larga pingüinera al sur, a pocos pasos de distancia. Originalmente la base tenía más distancia, pero los pingüinos Papúa (Pygoscelis papua) se fueron expandiendo cada vez más y más hasta rodear la base. Próximamente, quien sabe, tal vez se instalen entra las pasarelas de la base.
Los papúa son muy distinguibles por su pico color naranja, y una mancha blanca por encima del ojo. Y son más sociables, a mi entender, que las otras especies de pingüinos que se podían encontrar en los alrededores de la caleta; sobre todo los Bardelia (Adelia). El correr de las dos vueltas al reloj de agujas la dedican “hablando” a los gritos entre ellos; con lo que una hermosa armonía musical-vocal de pingüino decoraba nuestros días en la base.
Ni hablar del aroma particular que produce su alimentación principal a base de krill antártico. Parte de ese aroma se trasladaba al agua de baño. Entonces uno solía bañarse con agua con “olor” a pingüino; nada exagerado ni grave, ni de lo que no te acostumbres rápido.
Nuestro arribo a la base los encontró ya con huevos o pichones a poco de nacer. Poco a poco irían creciendo y los progenitores buscando cada vez más alimento para criarlos.
Los pingüinos suele anidar en conjunto, y cada año volver al nido al que habían estado anteriormente –si lo encuentran-. Los construyen cuidadosamente con piedras seleccionadas que pueden ser producto de picotazos y griterío si otro miembro de la colonia osa hacerse con una piedra que no fue suya.
Cada pareja suele poner dos huevos, que en algún punto “compiten” por tener mayor alimento por parte de sus progenitores. Luego de un mes suelen salir del huevo y pasan a su estadio de vida como pichón. Aunque, si bien ya fuera del huevo, no se mueven del nido hasta el siguiente mes que la colonia arma guarderías.
Las guarderías facilitan que los progenitores puedan ir a alimentarse a mayor distancia, recuperar fuerzas, y prepararse para cuando los polluelos estén en su momento de independencia, migrar nuevamente a aguas más cálidas.
Un dato de color de los pingüinos en general: suelen reconocerse por su “canto” y gritería, en medio de miles de otros pingüinos. Allí, cuando llegan al lugar de nidada, luego de la migración, gritan hasta que logran reencontrarse; si no sucede, una nueva pareja se podrá formar.
Volviendo: aquella mañana la dedicamos a acomodar en gran parte de la comida, a chequear si había parte de ella que no esté vencida o apta para consumo (de la que se encontraba en la base), y a abrir los laboratorios, evaluar que se encontraba en ellos y que necesitaríamos para trabajar.
Ya es nuestro tercer día en la base. Sigue soleado -aunque luego hacia la tarde se nubló un poco- lo que dicen es una particularidad muy destacable, son días hermosos. Con tanto sol, apenas amanecemos debemos usar protector desde que nos levantamos y gafas de sol al salir al exterior. La nieve, el hielo, el agua, los glaciares, reflejan la luz y la radiación solar; además del agujero en la zona que lentamente se va recuperando.
Los laboratorios se encuentran en la parte oeste de la base, al final de las pasarelas. Si bien no es donde termina la base, porque más allá de ellos hay un segundo cuarto de herramientas y repuestos, y un 3er baño alejado, no están conectados directamente a la base por los caminos de las pasarelas. Entre los dormitorios y los laboratorios debe haber unos 100 metros de pasarela.
Se suelen llevar gran parte de los elementos de trabajo desde continente americano, pero los laboratorios se encuentran equipados con material de muestreo, de seguridad y hasta una cocina con vajilla y algo de comida.
Las horas pasaron y se fue haciendo levemente la tarde. Entre el baño previo al festejo de fin de año y la cena, recorrimos el depósito de comida.
Al ser bases fundadas hace décadas, los depósitos se encuentran por tradición preparados con comida para resistir un año en caso de que falle el repliegue dispuesto y el personal deba permanecer el invierno aguardando un nuevo verano antártico. Por ende al entrar encontramos una cantidad de comida variada y exuberante. Sobre todo en conservas, harinas, galletitas, fideos, etc.
Algo parecido pasa también con el combustible aunque es un poco más complejo en ese punto.
Por su parte, en el comedor se encuentran las reservas de agua embotellada y los materiales de higiene. Un lindo momento de nuestra tarde lo compartimos conociendo más rincones, y chusmeando que comida tendríamos para nuestra estadía.
Ya pasadas las horas, bañados y perfumados, se empezó a sentir el aroma del asado que preparaban algunos miembros de la base para recibir el año nuevo. Más temprano habíamos ido a decorar con cotillón que la cocinera había traído desde su hogar, y guirnaldas que había en el comedor guardadas. Armamos la mesa dulce, aprontamos la vajilla, y nos dedicamos a charlar y disfrutar.
La tarde iba cayendo, no por el oscurecimiento, sino que se percibía porque la temperatura iba bajando cuando las horas avanzaban. Las 19, 20, 21, 22, 23, 00, 01, se veían todo igual; difícil distinguir en esaa época del año si no es por el frío o por un reloj.
En el mientras tanto preparamos una picada para hacer nuestra entrada, nos sentamos, y a disfrutar. Mesa para 16 y música de fondo.
¡Chin chin! Son las 00:00. Feliz 2024 para todos y todas.
Encuentre la serie completa: Sumario de crónicas: 75 días en la Antártida
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Emiliano Martínez Viademonte
Profesor | Pasante Museo Argentino de Ciencias Naturales | Est. Lic. en Ciencias Biológicas, Exactas - UBA





