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Red Internacional

CurioCiencia. 75 días en la Antártida: Año nuevo | Crónica n° 13

Un incio de ciclo diferente. Tarde de trabajo, mates y sol.

Martes 23 de diciembre de 2025 Edición del día

Botes zodiacs en la playa de Base Primavera

Botes zodiacs en la playa de Base Primavera

Otro amanecer en Base Primavera. Estima ser un lindo día hoy, y la conexión a internet fue lo suficientemente buena para poder comunicarnos con continente americano.

La combinación entre frío, cansancio y desorganización no había sido buena en estos días. Menos para un lugar tan nuevo y conviviendo con 16 personas.

Es bueno poder mantener una buena cantidad de horas de sueño y equiparable alimentación. En los almacenes, por el nivel del frío, hay buena cantidad de mixes de frutos secos y desecados.

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Hoy nos han llegado noticias del otro lado del mar. Es difícil dimensionar lo que se vive con la asunción de Milei en otra realidad completamente diferente. Aun así, noticias periodísticas y fotos cruzan por internet y son nuestros motivos de charla en este primero de enero. Nos hemos enterado que hay un paro nacional anunciado para el 24 de enero, ¿haremos paro también nosotros?

Los alimentos siguen subiendo, pero aquí no hay valor de la plata entonces no se logra dimensionar que implica esa suba. Hay comida para 365 días. Todo lo demás, si bien ahora existe la transferencia, se suele resolver por trueque.

¿Me falta un jabón? Tengo un chocolate. Igual ha cambiado con las nuevas conectividades pero algo sigue vigente la ley del trueque.

En la base vivimos 16 personas. A saber: El jefe de base, el encargado de base, un sanitario militar, la cocinera, un especialista en comunicaciones, una mecánica, un carpintero, un electricista, dos timoneles, y 6 científicos.

Los científicos conformamos 3 grupos de 2 integrantes. Un grupo de mamíferos, uno de pingüinos, y uno de aves voladoras (el mío).

Con 16 personas en un lugar aislado, comienza un desafío de convivencia: conocerse, aguantarse, entenderse y saber respetar los espacios personales y físicos. Entiéndame que para la sociedad individualista en la que vivimos es bastante complejo. Se puede tornar algo impactante al principio, pero el grupo, con más experiencia, va ayudando a que nos acoplemos y acostumbremos a ello.

Se ha hecho la tarde, entre algunas cosas y charlas. Muchos hacen siesta desde las 14. Aquí no se duerme así que he preparado el mate con algo para comer mientras tanto y me he venido al laboratorio al fondo de la base a escribir, leer y disfrutar el tiempo. Un rato de silencio y disfrute del lugar.

En el laboratorio tenemos una mini cocina con la que allí caliento el agua para el mate, hay yerba y galletitas por lo que no estaría necesitando nada más que sentarme y mirar por la ventana la nieve y el paisaje.

Redacción del dario duante la siesta | EMV

A las 16 ya con todos arriba se arma la agenda laboral de la tarde, y el equipo científico decide ir a armar los botes de trabajo para hacernos a la mar y poder realizar nuestros censos, observaciones y tomas de muestras.

Los botes vienen desarmados en cajas que han quedado en la playa. Queda desempacarlos, encastrarlos e inflarlos. Aún no se armó el cronograma de días de salida para trabajar, pero es menester que los botes estén ya en condiciones para cuando se decida salir.

Botes empacados apilados en la playa de la base

Los 6 hemos bajado por las escaleras, y luego ladeando el barranco hacia el istmo que nos hace de playa. Bendito cuchillo que ha viajado para desempacar los botes, además de algunas pinzas y otros elementos.

A pesar de inexpertos en el tema, los botes han quedado armados. Armamos, desarmamos y volvimos a armar hasta que coincidían con nuestra imaginación de un bote. Es un objeto encastrable que luego se infla por partes. Y algo que no es menor, el irlos armando de a poco permite conocer en detalle como se diseña pata en case de emergencia saber como actuar.

Si pasase algo en alguna de las expediciones dependemos únicamente de esos botes para nuestro rescate y ayuda. No hay, excepto que pase un crucero, alguien que pueda socorrernos a centenares de kilómetros.

Los botes son 3. Dos para trabajo, y uno que queda armado para emergencias en caso de necesitar auxilio.

Hay todo un protocolo, pero lo dejaré para otra crónica.


Ya han pasado las horas de la tarde, y los mates nuevamente nos han acompañado. A dónde nos movemos lo hacen también los verdes.

También nos deleitan con su presencia dos aplomas antárticas. De bello blanco plumaje, pero de las mismas mañas que las citadinas. Oportunistas en todos sus sentidos.
Confianzudas y dispuestas a alimentarse en cualquiera sea el descuido del paquete de galletitas.

Molestas, sí; pero compañía, también.

Además de las palomas, una foca nos hace compañía a unos metros de distancia mientras descansa probablemente luego de haberse alimentado. Allí nos mira tranquilamente desde su reposo.

Foca sobre la playa reposando

Subimos nuevamente a las base alrededor de las 18. Entre ese horario y la cena continuamos nuestro día subiendo cajones desde la playa por la polea hacia la parte trasera del comedor.

Las tareas comienzan a estar divididas. Por ejemplo, la cocinera se encarga únicamente de garantizar las diversas comidas de todo el día. Cuenta con un ayudante que está dispuesto por día calendario. Y se va rotando quien es ayudante de cocina y encargado de limpieza de toda la base.

Su rol implica poner y levantar la mesa, lavar los platos, limpiar espacios comunes, vaciar los tachos (luego les explico el manejo de la basura), y la limpieza de los inodoros y duchas.

Todos los días se higieniza toda la base.

Ya terminado nuestro día, Antártida nos regala un bello atardecer. Listos para un baño caliente y a cenar.

Vista del Monte Pepino desde el comedor en el atardecer del primero de enero | EMV

Encuentre la serie completa: Sumario de crónicas: 75 días en la Antártida


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Emiliano Martínez Viademonte

Profesor | Pasante Museo Argentino de Ciencias Naturales | Est. Lic. en Ciencias Biológicas, Exactas - UBA