Yamila Cuello desapareció el 25 de octubre del año 2009 en Córdoba. A lo largo de las audiencias se demostró que ese día Simone buscó a Yamila y luego la habría asesinado, ocultando el cuerpo.
Jueves 3 de abril de 2025 Edición del día
Foto Mafe Espejo
Este jueves 3 de abril el Tribunal Oral Federal 2 de Córdoba, con la presidencia del juez José Fabián Asis, y las juezas María Noel Costa y Carolina Prado, condenó a Néstor Simone ex pareja de Yamila Cuello a 20 años en prisión por asesinato. Mientras que Horacio Palacios, el otro acusado fue declarado inocente.
La relación siempre estuvo atravesada por la violencia del Nestor, violencia que se expresaba en golpes, maltrato y explotación sexual, ya que pagaba deudas de juego con Yamila.
La justicia federal logra una condena, pero fracasa en responder la pregunta que movilizó a la familia todos estos años: ¿dónde está Yamila?. Tampoco pudo avanzar en el delito de trata ya que Simone había recibido un sobreseimiento en 2010 por el Juez Federal Sánchez Freites. Una decisión de mínima “llamativa”.
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Y esto sólo es un eslabón de una larga cadena de negligencias y complicidades del Estado, que lo convierten también en responsable. En la comisaría no sé tomó la denuncia a tiempo, no se investigó con celeridad y la familia no fue escuchada.
Soledad Cuello, hermana de Yamila fue quien estuvo motorizado la búsqueda e incluso aportando testigos y pistas. También coordinó con otras familias de desaparecidos en Córdoba, visibilizando una problemática que se pretende ocultar.
Afuera de Tribunales Federales se instaló una Radio Abierta con micrófono, canto Juli Rivarola y Norma Aguirre y actividades artísticas. Cómo en cada jornada desde el inicio del juicio una enorme cantidad de compañeras, organizaciones y personalidades se hicieron presentes.
Está condena implica un duro revés para la batalla negacionista de los femicidios que impulsa el gobierno nacional. También el fallo ilumina el abandono de las políticas en la materia de parte de la provincia. Esta condena arrancada a la Justicia tiene que alimentar con más fuerza el reclamo callejero contra los cotidianos asesinatos a mujeres por el hecho de serlo.



