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Red Internacional

Nueva cocina. Las exigencias de la derecha chilena para el nuevo proceso constituyente

La coalición de derecha Chile Vamos se bajó de la reunión de este miércoles y busca imponer tiempos y condiciones. El gobierno cede iniciativa a la vieja Concertación.

Miércoles 14 de septiembre | Edición del día

El pasado martes se anunció una nueva reunión para tratar los preparativos de la "cocina" constituyente, en la que la coalición de derecha Chile Vamos sería protagonista. Al parecer, los presidentes de las cámaras de Diputados y el Senado mediaron a favor de la derecha, catalogando sus preocupaciones sobre la implementación de un nuevo proceso constituyente como "atingentes”, para no cometer "los errores del pasado”.

La derecha de Chile Vamos exige que “el gobierno salga de la mesa” y se bajó de conjunto. Renovación Nacional, el partido del expresidente Sebastián Piñera, la pinochetista UDI y la nueva derecha de Evópoli decidieron no participar de la reunión agendada para este miércoles en la mañana en el Congreso.

El ansiado acuerdo con los partidos políticos del régimen para un nuevo proceso constituyente aún no tiene humo blanco. Es que la derecha, luego del triunfo de la opción Rechazo en el pasado plebiscito, se encuentra envalentonada. Los sectores de la ex Concertación -que gobernó Chile durante 20 de los 30 años tan repudiados por la población- cobran protagonismo y buscan mediar, cediendo a la derecha y a Apruebo Dignidad, la coalición de Boric. El presidente está subordinado a que prácticamente el comité político del Gobierno lo dirijan los partidos concertacionistas.

Desde el lunes la derecha venía levantando crispaciones al interior del Congreso, desmintiendo los dichos de los presidentes de ambas cámaras, desmarcándose de “supuestos” acuerdos. Hoy anunciaron que no asistirán a la reunión para discutir sobre el nuevo proceso constitucional. Además, sectores de Chile Vamos como RN planteaban la semana pasada la necesidad de no apresurarse y tomarse un tiempo de “reflexión” respecto al nuevo proceso.

Lo que encendió a la derecha fue un tweet de la discordia, realizado por Camila Vallejo el lunes, en el que anunciaba acuerdos en distintos puntos: "un órgano electo con independientes, pueblos originarios, paritario y con apoyo de expertas y expertos". Luego de estas acciones y declaraciones, la derecha salió a desmentir, sobre todo el presidente de RN, Francisco Chahuán.

La exigencia de que el Gobierno no esté en la mesa “en esta etapa” se hace más fuerte que nunca por parte de la derecha, que además los acusa de querer "pautear" el proceso. Por su parte, la flamante ministra Secretaria General de Presidencia Ana Lya Uriarte se ha encargado de ponerle paños fríos a la situación, de la mano de la nueva ministra del Interior Carolina Tohá. Ambas buscan moderar aún más al Gobierno, asegurando a la derecha que precisamente están para acompañar y no para opinar de las negociaciones que se vienen dando en los pasillos y salas del Congreso.

Esta negociación de la nueva cocina, donde la derecha pone la pauta y los tiempos gracias a la actuación de los viejos partidos de la Concertación, deja más claro que nunca que nada bueno saldrá de esto para el beneficio del pueblo trabajador. Es una negociación pactada a espaldas del pueblo con los partidos de los 30 años, que han sostenido y profundizado la herencia de la dictadura pinochetista.

Hoy, la clase dominante apuesta por una Nueva Constitución que reconozca derechos sociales en el papel mientras se mantienen los pilares del régimen político y económico de la transición, sin los “excesos” de la Convención Constitucional. Por eso el Partido de Trabajadores Revolucionarios -que impulsa La izquierda Diario en Chile- planteamos que hay que denunciar y enfrentar la ofensiva de la derecha a la cual se subordina el Gobierno y la izquierda reformista de Movimientos Sociales Constituyentes, ligando la pelea por una verdadera Asamblea Constituyente Libre y Soberana, que necesariamente será impuesta por la movilización y lucha en las calles en perspectiva de una huelga general, a la pelea por un programa de emergencia para que la crisis económica y social la paguen los empresarios y no el pueblo trabajador.

Partiendo por demandas fundamentales, como un aumento general e inmediato de los salarios acorde a la inflación de los alimentos y un salario y pensión mínimos acorde a las necesidades de las familias; por la rebaja de la jornada laboral y el reparto de las horas de trabajo entre ocupados y cesantes sin rebaja salarial alguna; por detener el aumento de los servicios básicos de agua, luz, combustibles planteando la expropiación sin indemnización y bajo gestión de sus trabajadores de todas las empresas de servicios básicos que especulen con los precios. Por impuestos progresivos a las grandes fortunas, la nacionalización de la banca y el monopolio del comercio exterior para terminar con la fuga de capitales récord de los últimos dos años.




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