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Red Internacional

Recambio presidencial. Asume Rodrigo Chaves en Costa Rica: una nueva cara del neoliberalismo

Será el presidente número 49 de la historia del país este 8 de mayo. Su ascenso al poder fue vertiginoso, después de obtener el 16% de los votos emitidos en primera ronda, ocupando la segunda minoría, en segunda ronda se impuso ante el histórico Liberación Nacional. Por sus características, por su programa y por el gabinete que ha nombrado, más allá de la apariencia existe un profundo proyecto neoliberal. Esto augura un futuro de mayores ataques al pueblo pobre y trabajador.

Domingo 8 de mayo | Edición del día

Un primer elemento que ha sido puesto en discusión nacional es cuál es la composición del gobierno, tanto en el ejecutivo como en el parlamento, cuál es el gabinete y cuáles serán las primeras políticas del nuevo gobierno.

Otro elemento en discusión es el capital político del gobierno, pues con márgenes de abstencionismo históricos en ambas rondas (en la primera ronda hubo una abstención del 40% del padrón electoral y en la segunda solo votó el 26% habilitado), los resultados tienden a profundizar los elementos de ruptura entre representantes y representados que vive el país y que dificulta una conjuración de fuerzas políticas permanente como ha venido siendo hasta ahora.

Estos elementos en el marco de un escenario político y económico internacional, en el cual la guerra en Ucrania tiende al empantanamiento haciendo más posible profundizar el carácter internacional del conflicto, creando una situación política y económica internacional más convulsa, hacen que el escenario político nacional sea muy inestable y pronto las políticas del nuevo gobierno de ataques al pueblo incidirán en el desarrollo de la lucha de clases abriendo perspectivas para la izquierda.

Manifestación contra Rodrigo Chaves durante traspaso de poderes (08/05/22)

La imagen de Chaves, del gabinete y del parlamento

Tal como lo decíamos en La Izquierda Diario de Costa Rica antes de la formación del gabinete, el nuevo presidente por su pequeño número de diputaciones y por no contar con un partido político con fuerza y tradición en el escenario nacional, era inevitable que tuviera que llegara a acuerdos con otros partidos tanto en la formación del gabinete como en el parlamento, empezando a mostrar el verdadero rostro de Chaves.

El nombre del partido de gobierno es Partido Progreso Social Democrático, PPSD y en su plan de gobierno se referencia eufemísticamente con lo que llaman la “socialdemocracia moderna”, en la que, en esencia, prima un carácter neoliberal y tecnócrata.

Así, el nuevo gobierno toma el discurso de la socialdemocracia “moderna”, que no son otras que las referenciadas en la socialdemocracia alemana, francesa o del Estado español, es decir, social democracias administradoras y colaboradoras con todos los procesos neoliberales, la socialdemocracia que luego del gobierno de Mitterrand en Francia giró internacionalmente al neoliberalismo.

En verdad, se trata de Adoptar la apariencia de “social democracia” para golpear centralmente a trabajadores y trabajadoras, empezando por el sector público. El objetivo es doble: por un lado llevar adelante una serie de reformas neoliberales atrasadas, que la clase trabajadora había logrado precisamente retrasar a través de distintos picos de lucha de clases que inician desde el 2000 o antes; por otro lado contribuir a reducir de una y mil maneras el valor del salario en el país, pues si se logra atacar a clase trabajadora de sectores públicos, después en el sector privado sería todavía más difícil hacer retroceder a los patronos.

En este sentido, los acuerdos más profundos el gobierno los tiene con otros partidos directamente patronales, con cámaras empresariales y con sectores importantes de la burocracia administrativa del Estado. Y en ese sentido priman los acuerdos de carácter reaccionario contra los trabajadores, que los dueños del país agitan desde la mayoría de los periódicos de la prensa burguesa nacional.

No por casualidad La Nación, el principal medio de prensa del país, ha editorializado sobre el “abono de esperanza” que les brinda el nuevo gobierno, donde el Ejecutivo y el parlamento tengan una satisfactoria división de tareas:

“Ese gesto [que el oficialismo se una en el parlamento a una alianza creada por la oposición] y la incorporación de la diputada oficialista al Directorio son muestra de flexibilidad y voluntad de forjar acuerdos en ambos bandos. Ese, precisamente, fue el énfasis del discurso del nuevo presidente legislativo, Rodrigo Arias, cuya experiencia y serenidad abonan la esperanza de ver plasmadas en la práctica las expectativas creadas por el armonioso comienzo de labores.”

Rodrigo Arias es el hermano de Oscar Arias, ex presidente y premio Nobel de la Paz, y si bien es cierto siempre ha sido la mano derecha de su hermano, no por eso tiene menos peso propio en el universo político del país. Esto significa que al frente del parlamento queda un político de muy viejo cuño, con unas posiciones de derecha neoliberal ampliamente reconocidas en el país, al punto que los Arias fueron los artífices de la aprobación del Tratado de Libre Comercio (TLC) con los Estados Unidos en 2007, que profundizó la dependencia y el atraso económico nacional y se transformó en uno de los picos de lucha de clases de las últimas décadas.

Este perfil de presidente del parlamento es posible por la presencia de varias otras figuras que pueden perfectamente jugar un rol igual de lesivo que el de Arias, como Eli Feinzag o Fabricio Alvarado, de la derecha liberal y la derecha religiosa respectivamente.

Además, el gabinete de Chaves, está formado por miembros que tienen larga data en el manejo de las instituciones del Estado y sus políticas antiobreras, por lo que conocen las culturas institucionales y las propias instituciones y que han jurado disciplina al nuevo gobierno, sea en la inteligencia del Estado, en la política fiscal, educación, etc. El presidente les ha pedido absoluta disciplina en la aplicación de las líneas que emanen del gobierno.

Este nuevo gobierno ha generado una algarabía en las clases de grandes propietarios y en las altas clases medias. La promesa de una reducción neoliberal del Estado, de una reducción de la planilla pública como le llaman, es decir, despidos de trabajadores y trabajadoras, de una desvalorización del salario y de una “estabilidad” macroeconómica funcional a los intereses empresariales, marcan las políticas del nuevo gobierno con el cual los grandes propietarios se sienten complacidos.

Pero una debilidad se cierne sobre el nuevo gobierno. Sobre todo si pensamos en la debilidad con que ha sido electo y las bajas votaciones que han tenido los partidos con los que hace acuerdo en el parlamento. Una cosa es que sea un gobierno que se ha fortalecido relativamente a partir del juego político propio de la toma del poder, otra cosa es que sea un gobierno con fuerza propia contundente, esto último es lo que no existe. Otras condiciones son la inestabilidad económica y política que puede sufrir el país y también los fenómenos de lucha de clases, como veremos a continuación.

La inestabilidad económica y política

Costa Rica es un país que se ha caracterizado por una relativa estabilidad económica y política, que ha tenido desde el final de la Segunda Guerra. Pasando por diversas etapas de guerra, dictadura, democracia socialdemócrata y democracia neoliberal, hoy sin embargo se encuentra en el límite de funcionamiento de casi todas las instituciones que se construyeron en las últimas décadas en esos periodos. Esto es el fruto de una política continúa de décadas que tiene como consecuencia la dependencia del país ante las condiciones políticas económicas internacionales. Como una pequeña rémora, el país se mueve enteramente al ritmo de las grandes cadenas de valorización de capital.

En abril, el índice de precios del consumidor ha tenido su pico más alto al menos desde enero del 2020 y presumiblemente desde mucho tiempo atrás. En setiembre anterior la inflación interanual estaba en 2,09% pasando a 7,15% el mes anterior, en un incremento constante. Esta inflación está asociada tardíamente a las líneas de contenedores que han interrumpido las cadenas internacionales. Para un país tan “estable” esta inflación no es normal y se siente bastante concretamente en el bolsillo de las y los trabajadores, quienes realmente están sufriendo bajas en su nivel adquisitivo.

Y aunque la ocupación se ha recuperado parcialmente, no ha recuperado los niveles pre-pandemia ni ha disminuido la informalidad ni la precarización, de manera tal que “el regreso” al trabajo, quiere decir el regreso a formas de mayor explotación.

Estas tendencias son prácticamente imposibles de detener por cualquier gobierno que se apreste a administrar el capitalismo, como dice el programa del PPSD. Por ello un cambio brusco en el escenario económico internacional podría acelerar la ruptura entre representantes y representados, podría hacer crujir las instituciones del Estado, y por lo tanto incidir en mayor inestabilidad política, que bien podría manifestarse como lucha de clases.

La clase trabajadora y la izquierda

De manera que la clase trabajadora ha estado sufriendo importantes ataques a sus condiciones de vida, iniciando con el ajuste del gobierno anterior del Partido de Acción Ciudadana (PAC), pasando por la pandemia y las medidas económicas que ahogaron a cientos de miles en la pobreza, y terminando ahora en una situación económica con una inflación muy alta y que se pondrá más alta.

La clase trabajadora, toda ella, viene de importantes alzas en las luchas de clases como la huelga del 2018 y la semi-rebelión del 2020. Sin embargo, Las direcciones sindicales en 2018 y la dirección nacionalista de Célimo Guido en 2020 desviaron por completo a las masas trabajadoras que se alzaron contra el FMI, las direcciones le dieron espacio al gobierno del PAC cuando estaba en lo más bajo y no se opusieron de ninguna manera a todas las medidas anti obreras que se tomaron en la pandemia.

Las organizaciones sindicales están tomadas por burocracias que hoy están más enquistadas que antes de la pandemia. Los derechos democráticos elementales en las organizaciones sindicales se ven usurpados por miembros de la burocracia que impiden el desenvolvimiento libre de asambleas, elecciones internas, etc. Lo anterior actúa como un corsé contra los trabajadores, que impiden la expresión libre de las decisiones por la base, como por ejemplo, cuando las bases les votaban mantener la huelga a las direcciones, en los sindicatos de docentes. En todo caso, esta desviación y contención de las luchas, no es una derrota para la clase trabajadora ni mucho menos.

Ciertamente, en el futuro, los elementos que hemos planteado podrían imbricarse de manera mucho más compleja, tal vez sí en el sentido de un conflicto que podría ser histórico por diversos motivos, que van desde la dificultad objetiva de aplicar medidas de ajuste muy drásticas por la resistencia de los trabajadores o una consecuente parálisis del gobierno de desatarse divisiones en las alturas, hasta el surgimiento de nuevas formas de organización de la clase trabajadora ante el desastre de los sindicatos, pasando en el medio por crisis económicas e inestabilidad política internacional.

Ante esta situación, para la izquierda que se reivindica anticapitalista es fundamental impulsar una gran coordinadora contra el ajuste del gobierno y el FMI para ordenar la resistencia ante las medidas que vengan del nuevo gobierno, con un programa que incluya por ejemplo: el no pago a la deuda externa, jornadas de seis horas sin reducción salarial contra el desempleo, pase a planta permanente de todas y todos los interinos públicos y privados, contratos colectivos de trabajo, y un salario acorde a la canasta familiar indexado según inflación.




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