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OPINION

A 200 años de independencia de Costa Rica

200 años en medio de una crisis sanitaria, económica, política y social. Un país sin rumbo, o mejor, con el rumbo que le impone el FMI. Un país dirigido por partidos que durante décadas se han dedicado a entregar nuestro territorio al capitalismo internacional. Esto es lo que celebra Alvarado y su Gobierno. En la izquierda recordamos el pasado para verterlo en el futuro.

Miércoles 15 de septiembre | 15:39

Oleo “Firma del Acta de Independencia” por el chileno Luis Vergara Ahumada, con la asesoría del historiador Jorge Lardé y Larín. Museo de Historia Nacional, San Salvador.

La consolidación del estado-nación fue parte importante de la consolidación del capitalismo como sistema mundial. América Central llegó muy tarde a ese proceso. Nuestra patria y nación están fracturadas, divididas, en seis repúblicas. Las consecuencias de este hecho son de todo tipo, desde el provincianismo que afecta la comprensión de fenómenos “universales”, que afecta propiamente el desarrollo de la conciencia, hasta la facilidad con que somos dominados hoy ya no por la corona española sino por el capital financiero, por las transnacionales y por el Gobierno Federal de los Estados Unidos, éste último que en el último siglo no ha dejado de intervenir económica, política y militarmente en nuestra vida cotidiana, al punto que no controlamos siquiera nuestras propias costas, nuestros recursos naturales ni nuestro trabajo y salario.

Sin embargo nuestra independencia, aunque formal, es tal. Somos ciudadanos y no súbditos. Ganamos nuestros elementos de independencia con un ejército centroamericano que en 1856 expulsó armas en mano a los filibusteros liderados por William Walker, quien tenía planes claramente coloniales.

Nuestras élites han preferido ser un instrumento dócil del dominio de las potencias capitalistas cuyo más triste ejemplo es la sumisión de Alvarado al FMI, sumisión extensiva a Patricia Mora, cuyo discurso nacionalista ficticio tiene límites muy claros para cualquiera que quiera ver con ojos no provincianos.

No son esas élites las herederas de 1856 ni de 1821, pues nuestra independencia está vinculada por un lado a la revolución de esclavos Haití de 1804 que inicia la ola independentista y por otro a la toma de la Alhóndiga de Granaditas de 1810, hechos que marearían a nuestros “pacifistas” gobernantes si es que los conociesen.

Somos nosotras y nosotros en la izquierda obrera y socialista quienes tenemos derecho a reivindicar los fragmentos revolucionarios del pasado asociados a nuestra independencia formal para poder lanzar con fuerza nuestro llamado a una segunda independencia, una completa independencia política y económica real.

Es la clase trabajadora la que unificará nuestra nación y romperá con las tradiciones provincianas. Una república socialista federal. Ese es nuestro programa en OSR. Lo considero un tributo a quienes lucharon por la independencia en América Latina como un todo.
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No es casual que el himno al 15 de setiembre lo haya realizado un español republicano, es imposible que esos sentimientos surgieran de la mezquina élite burguesa y sus gustos mediocres: “Nuestro brazo nervudo y pujante contra el déspota inicuo opresor, a los viles esbirros espante que prefieren el ocio al honor”.

En este 200 aniversario recordamos nuestro pasado revolucionario para verterlo sobre el futuro.






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