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"Comámonos a los ricos": bronca por cenas clandestinas de lujo en Francia

Francia vive una cuarentena de dos velocidades. Mientras la mayoría está impedida de salir a más de 10 km de su casa o sufren toques de queda, funcionarios y empresarios fueron descubiertos en cenas de lujo clandestinas.

Martes 6 de abril | 09:54

Varios ministros del Gobierno francés, el país europeo con más casos de coronavirus, están siendo investigados tras revelarse en una investigación periodística que cenaron en restaurantes secretos en París en pleno confinamiento por la pandemia.

Mientras que millones de personas sufren duras restricciones de movimiento tanto en las distancias como en los horarios en lo que pueden salir de su casa, la revelación de las fiestas clandestinas se convirtieron en un verdadero escándalo. Un puñado de funcionarios y empresarios realizaban cenas y fiestas clandestinas donde burlaban la cuarentena a fuerza de caviar y champagne.

La situación es aún más cínica de parte del Gobierno cuando parte de su discurso sobre el aumento de los contagios está apoyado en la hipótesis de la responsabilidad social. Según los funcionarios de Macron, la mayoría, pobre, de la población sería culpable de los contagios por su propia actividad individual. No solo es una afirmación que deja libre de cargos al Gobierno por su desastrosa gestión de la pandemia, sino que se ensaña con un sector particular, los que cada día deben tomar transporte público abarrotado para ir a sus trabajos con la posibilidad de contraer la enfermedad.

Es por esto que el escándalo de las fiestas de lujo generaron bronca inmediata, y se viralizaron los hashtags #OnVeutLesNoms (queremos nombres) y #MangeonsLesRiches (comámonos a los ricos).

La denuncia

Los restaurantes están cerrados desde octubre, pero según un informe emitido el fin de semana por la televisora M6, varios de los miembros del gabinete del presidente Emmanuel Macron cenaron en algunos de ellos.

De hecho, la Fiscalía de París abrió una investigación por delitos de riesgo para la salud pública y trabajo no declarado, y para esclarecer quiénes fueron los organizadores y los participantes en estas cenas.

El escándalo se volvió tan grande que el vocero del Gobierno, Gabriel Attal, declaró a la televisora LCI que hay 200 sospechosos identificados que afrontan un "duro castigo" y subrayó que los ministros "tienen el deber de tener un comportamiento absolutamente irreprochable y ejemplar".

En el documental del canal M6 aparece un hombre no identificado que relata que asistió a dos o tres restaurantes clandestinos en los que había "varios ministros".

También señala que en algunas ocasiones, los invitados ignoraron deliberadamente los elementos de protección y las recomendaciones de salud, ya sea usando un barbijo o distanciamiento social: “la gente que viene aquí se quita la máscara; una vez que pasas por la puerta no hay más covid". Según el denunciante el objetivo era que en las fiestas los comensales se sientan a gusto. Se trata de veladas donde el menú cuesta entre 160 y 400 euros. El caviar y el champán son el centro de atención.

El lugar de la fiesta que mostró el informe del canal M6 fue rápidamente identificado por los internautas. Se trata del Palais Vivienne, una mansión privada propiedad del coleccionista de arte Pierre-Jean Chalençon. Junto con esto en las redes sociales se descubrió una invitación del chef Christophe Leroy diciendo que cocinaría para estas noches, en una publicación que presenta a Chalençon invitando a la gente a contactarlo para una cena el 1 de abril a partir de las 5:45 pm en torno a un menú de "caviar y champagne". Ni el chef ni el coleccionista parecían preocupados por la Policía, ni por las represalias.

Cuarentena de dos velocidades

Este doble rasero para llevar adelante la cuarentena ya había salido a la luz durante el primer encierro, cuando las clases acomodadas habían huido a sus casas de campo, solo para confinarse en otro lugar fuera de sus departamentos en París. Al mismo tiempo, los habitantes de los barrios obreros debían seguir yendo a trabajar todos los días y vivían con el temor constante de salir de sus casas, a riesgo de ser sometidos a la violencia policial.

Recientemente, este doble rasero quedó nuevamente demostrado por la represión sufrida por los habitantes de la periferia parisina de Saint-Denis tras la organización de un asado en el distrito de Franc-Moisin, al que llegaron decenas de policías para clausurarlo y multarlos. En Montpellier, se multó a personas con 405 euros por beber vino en la playa, y una persona en situación de calle de 19 años recibió una multa de 645 € por no llevar barbijo.

Este nuevo escándalo demuestra ante todo la hipocresía de los discursos del Gobierno, que cada día reclaman la responsabilidad individual y el respeto por la distancia social, haciendo de la resolución de la crisis un asunto puramente individual, para eludir la cuestión de la falta de recursos en salud y la desastrosa gestión de la pandemia.

En los últimos días Francia anunció el cierre durante tres semanas de los colegios, los comercios no esenciales no pueden abrir y hay un toque de queda en vigor entre las 19 y las 6 de la mañana.

En las últimas 24 horas las autoridades francesas confirmaron 10.793 nuevos contagios, con los que ya son 4.833.263, mientras fallecieron 96.847 personas tras reportar 197 muertes en la última jornada.






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